«No entiendo qué me pasa. Antes tenía ganas, pero ahora no siento lo mismo.»
Esa frase aparece con frecuencia en muchas parejas.
Una noche cualquiera, después de cenar, ella se sienta junto a su pareja en el sofá. Se quieren, se llevan bien y siguen disfrutando de estar juntos.
Pero algo ha cambiado.
Antes buscaba más el contacto.
Antes le apetecían más los momentos de intimidad.
Ahora, cuando su pareja se acerca, nota que algo dentro de ella no responde igual.
Empieza a hacerse preguntas:
«¿Ya no me atrae?»
«¿Será que nuestra relación ha cambiado?»
«¿Qué me está pasando?»
Lo que muchas personas no saben es que, en algunos casos, la respuesta no está en la pareja.
Puede estar relacionada con algo mucho más silencioso: ciertos medicamentos que pueden influir en el deseo sexual.
Y cuando no conocemos esta posibilidad, es fácil interpretar el cambio desde la culpa, la preocupación o la sensación de que algo se ha roto.
A veces pensamos en el deseo como algo puramente emocional o relacionado con la química de pareja.
Y, aunque la conexión y la relación tienen un papel importante, el deseo también depende de muchos factores físicos y psicológicos.
Nuestro estado de ánimo, el estrés, el descanso, las hormonas y determinados tratamientos médicos pueden influir en cómo responde nuestro cuerpo.
Por eso, cuando aparece una disminución del deseo sexual, es importante mirar el contexto completo.
No siempre significa que haya un problema de pareja.
Algunos medicamentos pueden modificar procesos relacionados con el deseo, la excitación o la respuesta sexual.
Pueden influir en aspectos como:
Esto puede sentirse de diferentes maneras.
Algunas personas notan menos interés por el sexo.
Otras sienten más dificultad para excitarse.
Algunas pueden experimentar cambios en la respuesta física o una menor conexión con las sensaciones corporales.
Y muchas empiezan a preocuparse pensando que el problema está en ellas o en su relación.
No todas las personas reaccionan igual ante un tratamiento, pero algunos grupos de medicamentos se han relacionado con cambios en la función sexual.
Algunos antidepresivos, especialmente los que actúan sobre la serotonina, pueden producir cambios en el deseo sexual o en la respuesta sexual en algunas personas.
Esto no significa que haya que dejar un tratamiento.
Los medicamentos para la salud mental pueden ser muy importantes para muchas personas y nunca deben suspenderse sin consultar con el profesional que los ha indicado.
Pero sí es importante hablar de estos efectos si aparecen.
Algunas personas notan cambios en su deseo sexual después de iniciar un método anticonceptivo hormonal.
En algunas mujeres no ocurre ningún cambio, mientras que otras pueden percibir variaciones en el deseo, el estado de ánimo o la lubricación.
La experiencia es muy individual.
Algunos tratamientos utilizados para la ansiedad o los problemas de sueño pueden influir en la energía, la motivación o la respuesta sexual.
Cuando una persona se siente más sedada o con menos vitalidad, es posible que la intimidad deje de ocupar el mismo lugar.
También pueden existir cambios en el deseo asociados a algunos medicamentos utilizados para tratar distintas condiciones de salud.
Por eso, si notas una diferencia importante después de comenzar un tratamiento, merece la pena comentarlo con tu médico.
La parte más difícil muchas veces no es el cambio físico.
Es lo que la persona empieza a pensar sobre ese cambio.
Puede aparecer miedo.
Inseguridad.
Vergüenza.
Comparaciones con cómo era antes.
Incluso puede surgir distancia en la pareja.
Una persona puede sentirse rechazada.
La otra puede sentirse presionada o culpable.
Y sin darse cuenta, el problema inicial se amplía con emociones que afectan todavía más a la conexión.
Por eso es tan importante ponerle nombre a lo que ocurre.
Entender que una disminución del deseo puede tener múltiples causas ayuda a dejar de buscar culpables.
Lo primero es observar cuándo empezó el cambio.
Preguntarte:
También es importante no tomar decisiones sobre un tratamiento por cuenta propia.
Si sospechas que un medicamento puede estar influyendo, habla con el profesional sanitario que lo indicó. En algunos casos existen alternativas o ajustes que pueden valorarse.
Y, además, cuidar la parte emocional de la relación puede marcar una gran diferencia.
Porque aunque exista una causa física, la forma en la que la pareja afronta ese cambio también influye mucho.
El deseo sexual es una parte compleja de la persona. Está relacionado con el cuerpo, las emociones, la historia personal y la relación de pareja.
Por eso, cuando cambia, no siempre basta con buscar una única explicación.
Como terapeuta de pareja y sexualidad, acompaño a personas que están atravesando cambios en su deseo, dificultades en la intimidad o momentos en los que no entienden qué está ocurriendo dentro de su relación.
Crear un espacio donde poder hablar sin vergüenza, comprender los factores que influyen y recuperar la conexión puede ser el primer paso para sentirse de nuevo cerca del otro.
Si sientes que este tema está generando preocupación, distancia o malestar en vuestra relación, buscar acompañamiento puede ayudaros a comprender la situación y encontrar nuevas formas de conectar.