“No deseo a mi pareja, pero la quiero.”
Puede que nunca hayas pensado que estas dos cosas podían coexistir. Y, sin embargo, ahí estás: quieres a esa persona, te importa, disfrutas de su compañía… pero cuando llega el momento de tener sexo, no te apetece.
Y entonces aparece la pregunta que más miedo da:
¿Significa que ya no estoy enamorado/a?
No necesariamente.
Que quieras a tu pareja no significa que tengas que desearla sexualmente todo el tiempo.
El deseo cambia. Hay épocas en las que está muy presente y otras en las que prácticamente desaparece. El estrés, el cansancio, los problemas personales, los cambios hormonales, la autoestima o la propia rutina pueden influir muchísimo.
Por eso, si piensas “no deseo a mi pareja pero la quiero”, quizá la primera pregunta no debería ser “¿ya no le quiero?”, sino:
“¿Qué ha cambiado en mí o en nuestra relación?”
A veces el problema no es que haya dejado de existir el amor.
Es que la relación se ha llenado de rutina.
Trabajo, casa, obligaciones, facturas, niños, horarios, cansancio…
Y sin darte cuenta, dejas de mirar a tu pareja como esa persona que te despertaba curiosidad y empiezas a verla como tu compañero/a de vida.
Os queréis.
Os entendéis.
Funcionáis.
Pero el deseo parece haberse quedado por el camino.
Y es que el deseo necesita algo más que convivencia. Necesita intimidad, conexión, juego, sorpresa y también espacios propios.
Aquí es donde muchas personas empiezan a sentirse culpables.
“¿Qué me pasa?”
“Va a pensar que ya no me atrae.”
“Seguro que cree que hay otra persona.”
Y cuanto más presión sentimos por recuperar el deseo, menos aparece.
Porque no tener ganas de sexo no significa que estés fallando como pareja.
No deberías mantener relaciones sexuales únicamente para evitar una discusión, demostrar amor o hacer sentir bien a la otra persona.
El deseo no funciona bajo presión.
Esta pregunta puede ayudarte a entender qué está pasando.
¿No tienes ganas de sexo en general?
¿O sí existe deseo, pero no hacia tu pareja?
¿Sigues teniendo fantasías?
¿Te atraen otras personas?
¿Te apetece masturbarte?
¿O simplemente estás atravesando una etapa de cansancio y desconexión?
No hay una respuesta correcta. Pero observarlo sin juzgarte puede darte muchas pistas.
A veces sí.
Pero recuperar el deseo no significa obligarte a tener sexo ni intentar volver a sentir exactamente lo mismo que al principio de la relación.
Quizá necesitéis volver a tener citas.
Besarse sin que el beso tenga que acabar en sexo.
Hablar de lo que os gusta.
Tener momentos juntos sin hablar de obligaciones.
Recuperar vuestra individualidad.
Volver a miraros.
Porque quizá el deseo no haya desaparecido.
Quizá simplemente lleva demasiado tiempo debajo de la rutina.
No tomes una decisión definitiva desde el miedo.
Si quieres a tu pareja pero has perdido el deseo, habla de ello. No como una acusación, sino como algo que quieres comprender.
Puedes decir:
“Te quiero y precisamente por eso quiero entender qué nos está pasando. Últimamente no siento el mismo deseo y no sé por qué.”
A veces una conversación sincera puede abrir una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada.
Y si la falta de deseo es persistente, te genera malestar o aparece junto a otros cambios físicos o emocionales, buscar ayuda profesional también puede ser una buena opción.
Porque no deseo a mi pareja pero la quiero no tiene por qué ser el final de una historia.
A veces es simplemente una señal de que algo necesita cambiar.
Y quizá el primer paso no sea volver a acostaros.
Quizá sea volver a encontraros. ❤️
A veces, para volver a conectar con el deseo, primero necesitamos conocernos mejor. El curso El Mapa del Placer está pensado para ayudarte a descubrir tu propio mapa erótico: qué te excita, qué despierta tu deseo, qué necesitas para sentir conexión y cuáles son tus propias formas de disfrutar. Porque conocer tu sexualidad también puede ser el primer paso para vivirla con más libertad y compartirla desde un lugar más consciente con tu pareja.