Si alguna vez te has preguntado por qué me duele cuando él me acaricia el clítoris, no estás sola.
Esta situación es mucho más habitual de lo que creemos y, lejos de ser un “problema”, suele tener causas sencillas de identificar y trabajar.
El clítoris es una zona altamente sensible, con más de 8.000 terminaciones nerviosas concentradas en un espacio diminuto. Por eso, una estimulación demasiado directa o brusca puede generar molestia o incluso rechazo, aunque haya deseo o excitación.
El dolor no siempre indica falta de deseo; a veces, solo señala una falta de sintonía entre la estimulación recibida y la que tu cuerpo necesita.
Muchos hombres, por inexperiencia o porque nadie les ha enseñado, tienden a estimular el clítoris con la misma intensidad con la que tocan su propio cuerpo.
Frotaciones rápidas, presión excesiva o movimientos sin ritmo suelen producir el efecto contrario al buscado: dolor, frustración y desconexión.
El clítoris no necesita fuerza, necesita ritmo, cadencia y atención.
A veces, basta con ralentizar, observar las reacciones y dejar que el cuerpo marque el compás.
La comunicación erótica no mata la magia, la enciende.
Decir lo que te gusta no es quejarse, es construir placer compartido.
Puedes hacerlo con naturalidad, con un tono de juego o incluso mostrándole cómo lo haces tú misma.
Por ejemplo:
Hablar del placer también es una forma de intimidad, y muchas veces, el deseo renace cuando hay confianza para guiar y escuchar.
No hay una única manera de tocar.
Algunas mujeres disfrutan de la estimulación directa, otras de los roces suaves, y muchas prefieren explorar lentamente hasta descubrir su propio mapa de placer.
Por eso, en mi curso “Mapa del Placer” te enseño a reconectar con tu cuerpo, identificar tus zonas erógenas y entender cómo cambia tu respuesta según el ritmo, la respiración o el contexto emocional.
Aprender a conocerte no es solo un ejercicio de autoplacer, es una forma de autoconocimiento profundo que mejora tu vida sexual y tu autoestima.
Si te duele cuando tu pareja te acaricia el clítoris, no significa que algo esté mal contigo ni con tu relación.
Tu cuerpo no te está fallando, te está hablando.
Te pide atención, tiempo y una manera distinta de conectar.
Empieza por ti: explora tu cuerpo sin prisa, identifica qué tipo de contacto te resulta agradable, qué ritmo te relaja y qué sensaciones te encienden.
Cuando tú lo descubres, puedes comunicarlo desde la seguridad y el deseo, no desde la frustración.
Porque el placer no es cuestión de suerte ni de técnica, sino de escucha, comunicación y autoconocimiento.
Y cuando te atreves a conocerte, no solo transformas tus relaciones… te transformas tú.