«Quiero a mi pareja, estamos bien, pero ya no me apetece tener sexo.»
Si esta frase te resulta familiar, probablemente te hayas preguntado más de una vez:
“¿Qué me está pasando?”
Y quizá incluso hayas llegado a pensar:
“¿Será que ya no le deseo?”
“¿Ya no estoy enamorada/o?”
“¿Hay algo mal en mí?”
Lo primero que quiero decirte es que tener menos deseo sexual no significanecesariamente que hayas dejado de querer a tu pareja.
El deseo sexual cambia. Está influido por nuestro estado emocional, el estrés, el cansancio, la relación de pareja, nuestra salud, las experiencias sexuales ymuchos otros factores.
Por eso, antes de intentar recuperar las ganas de sexo, es importante preguntarnos:
¿Qué puede estar haciendo que mi deseo haya cambiado?
Estas son algunas de las causas más frecuentes. 👇
El estrés y el cansancio son grandes enemigos del deseo.
Trabajo, hijos, responsabilidades, problemas familiares, preocupaciones económicas, falta de tiempo…
Cuando llegas al final del día agotado/a, quizá lo último que te apetece es tener sexo.
Y no porque no quieras a tu pareja.
Simplemente, tu cuerpo y tu mente están pidiendo descanso.
El deseo necesita cierto espacio mental. Si estás constantemente pendiente de todo lo que tienes que hacer, puede resultar difícil conectar con tu parte sexual.
Esta es una causa especialmente importante cuando existe una diferencia de deseo dentro de la pareja.
Si sientes que tienes que mantener relaciones sexuales para evitar una discusión, para que tu pareja no se enfade o para demostrarle que la quieres, el sexo puedeempezar a vivirse como una obligación.
Y cuando aparece la sensación de “tengo que hacerlo”, el deseo puede disminuirtodavía más.
El deseo necesita libertad, no presión.
Quizá tú quieres sexo una vez al mes y tu pareja varias veces por semana.
O quizá ocurre justo al contrario.
Esto se conoce como discrepancia sexual y es mucho más frecuente de lo que pensamos.
La diferencia en el deseo no significa que uno de los dos tenga un problema.
El verdadero problema puede aparecer cuando esa diferencia genera:
En estos casos, no se trata de decidir quién tiene razón, sino de aprender a gestionar esa diferencia.
A veces buscamos una explicación exclusivamente sexual cuando el problema está también en la relación.
Si existen discusiones frecuentes, resentimiento, falta de comunicación o conflictos que nunca termináis de resolver, es comprensible que tu deseo sexual se vea afectado.
Para algunas personas es muy difícil separar:
“Estoy enfadado/a contigo”
de
“Me apetece tener intimidad contigo”.
Por eso, cuando el deseo desaparece, también merece la pena mirar qué estáocurriendo fuera del dormitorio.
Al comienzo de una relación hay novedad, descubrimiento, curiosidad y mucha anticipación.
Con el tiempo, la convivencia y las responsabilidades pueden hacer que la sexualidad pase a un segundo plano.
No significa que la relación esté mal.
Pero sí puede significar que necesitáis volver a prestar atención a vuestra intimidad.
El deseo no siempre aparece automáticamente porque llevemos años queriendo a alguien.
También necesita espacio, conexión y, en ocasiones, novedad.
Esta pregunta puede ser más útil que preguntarte simplemente:
“¿Por qué no tengo ganas?”
Pregúntate:
“¿Me gusta cómo estamos viviendo nuestra sexualidad?”
Porque quizá no es que hayas perdido el deseo.
Quizá has dejado de disfrutar de los encuentros sexuales que estáis teniendo.
Si el sexo se ha convertido en algo rutinario, poco satisfactorio o centrado únicamente en cumplir expectativas, es normal que tu motivación para repetirlo disminuya.
A veces recuperar el deseo implica replantearse cómo estamos viviendo el sexo, no simplemente intentar tener más.
Nuestro deseo también puede verse afectado por factores físicos.
Algunos cambios hormonales, determinados medicamentos, el dolor durantelas relaciones, alteraciones del sueño o diferentes etapas vitales pueden influir en el deseo sexual.
Por ejemplo, pueden existir cambios durante el embarazo, el posparto, la perimenopausia o la menopausia.
Si notas un cambio importante y persistente en tu deseo, especialmente si aparecejunto a otros síntomas, es recomendable consultar con un profesional sanitariopara valorar posibles causas físicas.
La forma en la que nos sentimos con nuestro propio cuerpo también puede influir en nuestra sexualidad.
Si durante un encuentro sexual estás pensando:
“¿Se me verá la barriga?”
“Seguro que no le parezco atractiva/o.”
“No quiero que me vea así.”
es difícil estar presente y disfrutar.
El deseo necesita atención y conexión con las sensaciones. Una mente ocupada juzgando constantemente el cuerpo tiene menos espacio para disfrutar.
Existe una idea muy extendida:
Primero aparecen las ganas y después tenemos sexo.
Pero no siempre funciona así.
En algunas personas el deseo aparece de manera espontánea.
En otras, puede aparecer de forma más responsiva, es decir, a partir de la conexión, las caricias, la intimidad o la excitación.
Esto no significa que tengas que mantener relaciones sexuales cuando no quieres.
El consentimiento y el deseo de participar son imprescindibles.
Simplemente significa que no todas las personas experimentamos el deseo de la misma manera.
Cuando notas que tienes menos deseo, es fácil entrar en un círculo:
“No tengo ganas.”
↓
“Tengo que esforDebería tener más ganas.”
↓
“Mi pareja se está cansando.”
↓
“Tengo que esforzarme.”
↓
“Cada vez siento más presión.”
↓
“Tengo todavía menos ganas.”
Y vuelta a empezar.
Por eso, a veces el primer paso no es intentar obligarte a recuperar el deseo.
Es comprender qué está ocurriendo.
No necesariamente.
Esta es una de las mayores preocupaciones cuando aparece el bajo deseo.
Pero amor y deseo sexual no son exactamente lo mismo.
Puedes querer profundamente a tu pareja y estar atravesando una etapa de bajo deseo.
También puedes sentir deseo sexual y tener problemas importantes dentro de tu relación.
Por eso, tener menos ganas de sexo no debería llevarnos automáticamente a pensar:
“Ya no le quiero.”
Antes merece la pena explorar qué ha cambiado.
En lugar de preguntarte únicamente:
“¿Cómo puedo conseguir tener más ganas?”
puedes empezar preguntándote:
Las respuestas pueden ayudarte a entender mucho mejor qué está ocurriendo.
Y si lleváis tiempo atrapados en el mismo conflicto, no tenéis por qué resolverlo solos. ❤️🩹
Si te preguntas “¿por qué ya no tengo ganas de sexo con mi pareja?”, intentano juzgarte.
El bajo deseo puede tener diferentes causas y, muchas veces, no existe una única explicación.
Quizá estás agotado/a.
Quizá existe presión.
Quizá vuestra relación ha cambiado.
Quizá tenéis una discrepancia sexual.
Quizá sencillamente necesitas volver a conectar con tu propia sexualidad.
Entender lo que está pasando es el primer paso para poder cambiarlo.