«¿Qué nos ha pasado?» Es una pregunta que muchas parejas se hacen en silencio.
Hace unos años no podían esperar para llegar a casa y estar juntos. Ahora, cuando termina el día, cada uno parece refugiarse en su propio mundo. Llega la noche. Se dan un beso rápido. Cada uno se gira hacia su lado de la cama. No ha habido una gran discusión. No ha desaparecido el amor.
Simplemente, llevan demasiado tiempo alimentando pequeños hábitos que han ido desgastando la conexión.
Y cuando la conexión se debilita, el deseo suele hacerlo también.
Muchas personas creen que la falta de deseo sexual aparece de repente. Sin embargo, en la mayoría de las relaciones ocurre justo lo contrario.
El deseo suele apagarse lentamente, como una llama que pierde fuerza porque deja de recibir aquello que la alimenta: conexión, admiración, complicidad y bienestar. A menudo no es un gran problema el que lo provoca, sino pequeños comportamientos cotidianos que pasan desapercibidos.
Veamos tres de los más frecuentes.
Todos necesitamos desahogarnos. Hablar de un mal día o compartir una preocupación forma parte de una relación sana.
El problema aparece cuando la queja se convierte en la forma habitual de comunicarse.
Cuando casi todas las conversaciones giran alrededor de los problemas, el cerebro empieza a asociar la presencia de la pareja con estrés y agotamiento. Y es muy difícil que aparezca el deseo cuando el cuerpo está en modo supervivencia.
✔ Compartir también buenas noticias.
✔ Preguntar cómo está el otro sin hablar solo de obligaciones.
✔ Crear momentos donde la conversación no gire únicamente alrededor de los problemas.
El deseo también necesita respirar.
Este tema suele generar cierta incomodidad. Y no porque hablemos de belleza. Hablamos de autocuidado.
Con el paso de los años es normal que cambie nuestro cuerpo. Lo que suele afectar al deseo no son las canas, las arrugas o algunos kilos de más. Lo que pesa es la sensación de abandono. Cuando dejamos de cuidarnos, muchas veces también dejamos de conectar con una parte importante de nuestra identidad. La de sentirnos atractivos. La de sentirnos vivos. La de seguir gustándonos.
No se trata de arreglarse para la otra persona.
Se trata de enviar un mensaje: «Sigo cuidándome porque sigo siendo importante.» Y esa actitud también resulta atractiva.
Este es, probablemente, el hábito que más distancia crea. No porque haya falta de amor. Sino porque dejamos de escuchar.
Hay personas que llevan meses diciendo:
«Necesito pasar más tiempo contigo.»
«Echo de menos tus abrazos.»
«Me gustaría sentir que soy una prioridad.»
Pero esas necesidades quedan sin respuesta. Y cuando alguien deja de sentirse visto…
También empieza a dejar de sentirse conectado. Y donde desaparece la conexión, el deseo suele resentirse.
No suele ser una única discusión. Ni el paso del tiempo. Ni siquiera la rutina por sí sola.
Con frecuencia, lo que mata el deseo son pequeños hábitos repetidos durante meses o años.
Cada uno parece insignificante. Pero juntos crean una distancia que termina afectando también a la intimidad.
Sí, pero normalmente no empieza en el dormitorio. Empieza mucho antes; empieza en cómo os habláis, en cómo os miráis. en cómo volvéis a elegir al otro cada día.
El deseo no suele responder a la presión. Responde a la seguridad, a la admiración, a la complicidad y a la conexión emocional.
Quizá la pregunta no sea solo «¿qué mata el deseo?», sino también:
¿Qué estamos haciendo cada día para mantenerlo vivo?
Hay momentos en los que, aunque exista amor, la pareja entra en dinámicas de las que resulta difícil salir sola. Las conversaciones terminan siempre en discusión, el deseo sigue disminuyendo o ambos sentís que cada vez estáis más lejos, aunque compartáis la misma casa.
Como terapeuta de pareja y sexualidad, acompaño a personas y parejas que desean comprender qué hay detrás de esa distancia, mejorar su comunicación y recuperar la conexión emocional e íntima desde un espacio seguro, sin juicios y adaptado a su historia.
Si al leer este artículo has sentido que algunas de estas situaciones reflejan lo que estáis viviendo, quizá este sea un buen momento para empezar a entender qué está pasando. A veces, pedir ayuda no significa que la relación esté rota; significa que ambos habéis decidido cuidarla antes de que la distancia siga creciendo. 💙