Si alguna vez te has preguntado si es normal tardar mucho en llegar al orgasmo, respira: la respuesta corta es sí. Muy sí. Más común de lo que imaginas.
Y no, tu cuerpo no está roto, ni tu deseo está de vacaciones. Lo que suele necesitar es tiempo, la estimulación adecuada… y cero presión.
Durante años hemos consumido películas, series y porno donde el orgasmo aparece casi por arte de magia: dos besos, un par de caricias, penetración y… boom. Final feliz en 30 segundos.
Pero la realidad es otra.
El cuerpo no funciona como un microondas, sino más bien como una receta a fuego lento:
cuanto más tiempo, mimo, sabor y juego… mejor experiencia.
Los estudios muestran que muchas mujeres tardan entre 12 y 20 minutos (o más) en llegar al orgasmo cuando llegan.
Y sí, eso incluye a mujeres con una vida sexual activa, deseante y sana.
Así que si tú tardas, déjame decirlo con cariño profesional:
vas perfecta dentro de la media.
Una de las razones más frecuentes por las que se tarda más en llegar al orgasmo es la obsesión por ir directos a la penetración, saltando lo que realmente despierta el placer:
el juego previo, las caricias, el clítoris, los sentidos, la imaginación, la conexión emocional y el ritmo adecuado.
Si vamos directos al final… nos perdemos lo mejor del camino.
Y el cuerpo, cuando se siente apresurado, se bloquea.
Cada cuerpo tiene un ritmo único.
Algunos necesitan más tiempo, otros más fantasía, otros más conexión emocional o libertad mental.
No compares tu orgasmo con el de nadie.
No existe un tiempo “ideal”. Existe tu tiempo.
Aquí tienes 3 claves prácticas:
1. Dale vacaciones a la presión
El orgasmo no es un examen. Cuanto más lo persigues, más se esconde.
Piensa en disfrutar… no en llegar.
2. Varía la estimulación
Mezcla clítoris + labios + cuerpo + ritmo + fantasías.
El cerebro es un órgano sexual… y le encanta participar.
3. Si no llega, pero disfrutas… también es válido
El objetivo no es llegar, es sentir.
Un encuentro sexual sin orgasmo puede ser igual de placentero si hubo conexión, deseo y presencia.