Esa sensación de “ya no me excito sin porno” es más común de lo que crees, y no significa que estés “rotx”, ni que tu deseo haya desaparecido. Significa que tu cerebro ha aprendido un camino rápido hacia la excitación… y, como todo aprendizaje, también se puede reeducar.
El porno funciona como un estímulo muy potente: luces, ritmo, novedad constante, dopamina a tope. Si lo usas como principal vía de activación, es lógico que el cuerpo empiece a pedirlo como atajo.
Pero la buena noticia es esta: no estás atrapadx.
El cerebro busca facilidad. Si cada vez que quieres excitarte recurres al mismo tipo de estímulo visual, tu sistema de recompensa entiende que ese es “el camino oficial”.
Esto puede llevarte a sentir que ya no me excito sin porno, pero no porque no puedas, sino porque tu cuerpo está habituado a un tipo concreto de estímulo.
Algunos clientes me dicen:
“Cuando lo intento sin porno, me cuesta arrancar… pero cuando lo pongo, es inmediato”.
Eso es hábito, no incapacidad.
Reconectar con tu excitación natural requiere práctica, no fuerza.
Antes de tocarte, respira. Coloca tu atención en el cuerpo. La excitación necesita presencia, no prisa.
En vez de porno, prueba:
Regálale al cerebro variedad, no abstinencia forzada.
La pregunta es:
¿Cómo responde tu cuerpo cuando no hay pantalla?
Prueba diferentes presiones, ritmos y zonas. Redescubre curiosidad.
Cuando dejas de perseguir el orgasmo, aparece el placer.
Liberarte de la frase “ya no me excito sin porno” empieza cuando te permites sentir sin exigir.
Si sientes que ya no me excito sin porno, no estás fallando: estás en un proceso de reajuste. Tu deseo sigue ahí, solo necesita otro camino para mostrarse.